Aprendiendo todo sobre CW

😯 La comunicación mediante el código morse es un arte especial y único que siempre ha intrigado a quienes la han conocido. La idea de enviar y recibir, para luego traducir sin ninguna ayuda electrónica o informática, ideas y pensamientos a través de pulsos, sonidos, golpes o luz intermitentes que conforman un código representando al alfabeto, siempre ha despertado curiosidad y ha estado envuelto en cierto halo de misterio y enigma. A pesar de estar actualmente superado por las modernas tecnologías, el morse sigue desafiándolas como un medio alternativo, independiente, simple, robusto y efectivo.

Junto con la electricidad y el despliegue del cableado terrestre y más tarde mediante el uso de las ondas hertzianas y la radio (CW), el morse constituyó ni más ni menos que la base de las comunicaciones modernas y de la radioafición, embrión de las primeras promociones de ingeniería en telecomunicaciones en todos los países. Al contrario de lo que se supone, el código morse no solo no está desfasado sino que sigue vivo y es más utilizado hoy en día que nunca a pesar del abandono de su uso oficial o comercial e incluso en la eliminación de su conocimiento por parte de la propia radioafición. Cierto: el morse es antiguo, tiene más de cien años, pero barre a todo lo existente cuando lo demás falla.

El sistema de puntos y rayas que conocemos todos y con el que identificamos al morse (Samuel Morse y Alfred Vail, 1838), es en realidad una representación gráfica de pulsos, cortos y largos, que representan caracteres y que proviene de los primeros tiempos de la telegrafía eléctrica terrestre. La incipiente electricidad combinada con el recién creado código dió como resultado el primer sistema estandarizado de comunicación instantánea a distancia en una época en la que ni siquiera se había inventado aún la bombilla eléctrica. Se expandió y adoptó rápidamente en todo el mundo y en sus primeras estaciones receptoras (registros) los mensajes originalmente aparecían literalmente impresos con estos signos en cintas de papel para ser luego traducidos.

En poco tiempo (década de 1840) se hizo patente por los operadores, y por el propio Vail, de que este último paso de imprimir el código (señales cortas, largas y espacios) se podía obviar simplemente por la experiencia, escuchando los golpes del artilugio que imprimía los signos, aprendiendo a traducirlos directamente, por lo que el impresor para cinta o registro dejó de usarse a favor del receptor telegráfico, resonador acústico o sounder (una de las primeras aplicaciones prácticas del electroimán) que, reforzado acústicamente, convertía los impulsos eléctricos en golpeteos (un golpe cuando el electroimán se activaba y otro golpe cuando cesaba la corriente, o lo que es lo mismo, un golpe cuando el corresponsal pulsa su manipulador y otro golpe cuando lo suelta).

Receptor telegráfico o resonador acústico (sounder) y manipulador
Receptor telegráfico o resonador acústico (sounder) y  manipulador                                            

Por citar algunos, desde 1729 se tiene constancia de los primeros experimentos con telegrafía electrostática como los desarrollados por Stephen Gray, o con botellas de Leyden en 1746 como los de Kleist y Musscheubroek, Charles Marshall (1753), Lesage (1774), Agustín de Betancourt (1787), Francisco Salvá (telégrafo electroquímico con pila de volta 1795), Harrison Gray Dyar (electrolítico de una sola línea 1826), Thomas Sammuel von Soemmerring (de aguja basado en el de Salvá 1832), Paul von Schilling (primer telégrafo electromagnético 1832). También se desarrollaron multitud de otras invenciones telegráficas eléctricas usando otros códigos como por ejemplo los inventados por Steinheil (1837 electromagnético de aguja) un año antes que el de Samuel Morse, Cooke y Wheatstone (1837 – de agujas), Hughes (1855 – teclado e impresión), o Baudot (1874, teclado de cinco teclas), predecesor del ASCII, con versiones que luego se utilizarían para el teletipo (Télex, TTY) y radioteletipo (RTTY) hasta fechas muy recientes como máquinas de escribir punto a punto interconectadas y bastante sofisticadas.

Sin embargo el sistema que terminó expandiéndose y estableciéndose de forma arrolladora fué el código morse sea cual fuese el medio por el que se enviase y supuso una revolución sin precedentes en las comunicaciones. En la década de 1850 se comenzaron los tendidos de miles de kilómetros de cables submarinos que, aunque con muchos problemas iniciales, supusieron la interconexión de continentes enteros además de los tendidos terrestres ya existentes en todo el mundo y que iniciaron la comunicación prácticamente instantánea a nivel global.

A pesar de que los puntos y las rayas es la forma más popular y conocida para representarlo, en la actualidad esta forma solo es útil a efectos de una primera comprensión del alfabeto por su abreviación gráfica. Con la llegada de la radiotelegrafía (CW) (1900), en lugar de los golpes del resonador, se terminaron usando los pulsos sonoros o tonos interrumpidos, la forma en la que todos reconocemos el morse hoy en día. Hay que abordar su aprendizaje como el de un nuevo idioma o algo parecido a estudiar música, donde lo más importante es el sonido, cadencia y ritmo de cada caracter compuesto por combinaciones de señales cortas, largas y espaciados.

En los primeros tiempos de la radiotelegrafía las primeras emisiones se realizaban mediante chispas, descargas de arcos eléctricos entre bornes metálicos que provocaban las llamadas ondas amortiguadas, ondas entretenidas, radiofrecuencia con un ancho de banda muy grande y con una enorme cantidad de interferencias. Con las mejoras en electrónica este sistema se sustituyó por la onda contínua o CW (Continuous Wave), sinónimo desde hace décadas de morse y radiotelegrafía, y que en realidad es un modo de emisión en la que una señal de radio (portadora) de determinada frecuencia se modula con una onda normalmente senoidal de determinada amplitud, interrumpiéndose o no al compás del propio código.

Para iniciarnos es imprescindible centrarnos desde el primer momento en el cómo suena y no en cómo se representan mentalmente los caracteres de forma gráfica, ni mucho menos en estar contando puntos y rayas. La telegrafía y el morse supusieron un enorme avance tecnológico y social que cambiaron por completo las comunicaciones en general y que influenció incluso en la forma de redactar los titulares de prensa en el periodismo de la época donde ya se venían usando las abreviaciones entre telegrafistas para la transmisión de noticias y que, aunque ya no se recuerde, terminó por incluirse en el idioma cotidiano utilizándose en todos los ámbitos, transacciones de todo tipo, actividades comerciales, servicios marítimos, militares, policiales, de salvamento, inicios de la radioafición, etc.

Después de décadas de uso intensivo y efectivo de los servicios telegráficos y radiotelegráficos, éstos fueron sustituyéndose paulatinamente por los avances que siguieron, ya conocidos por todos, y que hace tiempo superaron al viejo morse en capacidad y velocidad. Aún así el morse como código y el CW (continous wave, onda contínua, radiotelegrafía) como modo de transmisión siempre permanecen ahí como los más básicos, simples, robustos y efectivos sistemas de envío de información.

Han sido muchos los intentos de eliminarlo definitivamente. Siempre bajo presiones tanto políticas como económicas, primero fue decretado su abandono en las comunicaciones marítimas, pasando por toda clase de instituciones que lo abandonan por considerarlo una forma de comunicación desfasada y obsoleta para a continuación, ante problemas, incidencias, catástrofes o calamidades, volver a hacer uso de él periódicamente como medio alternativo, y finalmente en la propia radioafición de casi todos los países donde se eliminó la obligatoriedad de su conocimiento para la obtención de licencias ante el descenso de afición, dando como resultado la perplejidad entre muchos aficionados que lo consideran como un desprestigio de la actividad.

Manipulador morse casero

Como reacción, el morse ha resurgido de sus cenizas y se ha intensificado su uso en todas las bandas, se reivindica como un orgullo y son muchos los aficionados que solo usan el CW como medio exclusivo de operación. Se ha llegado incluso a proponerse ante la UNESCO para ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad, al fin y al cabo el morse es la más antigua y básica forma de comunicación en tiempos modernos, íntima y estrechamente ligada al nacimiento de las primeras comunicaciones y de la propia radio. Después de casi 175 años ya de existencia se intuye que el morse es uno de esos sistemas básicos de comunicación que permanece mientras lo demás cambia o se transforma.

Aún continúan en activo las emisiones morse en radiofaros de ayuda en la navegación aérea NDB y VOR, con o sin decodificadores, y pilotos y controladores deben estar familiarizados en el código para intercambiar mensajes en el caso de que las demás comunicaciones estén comprometidas, aunque en el caso de las balizas es probable de que en el futuro sean reemplazadas por satélites. Se continúan expidiendo licencias de operador radiotelegrafista como por ejemplo en Estados Unidos (FCC tipo T, comercial), y en el ámbito militar, formando en el morse a reducidos grupos de personas al año.

En definitiva, a pesar de que ha sido oficialmente desincentivado de forma activa desde las más altas instancias por razones que no tienen nada que ver con su utilidad, el CW (modo de transmisión) y el morse (código), independientemente de estar ampliamente superado en capacidad y velocidad por los medios actuales, continúa siendo en pleno siglo XXI tan eficaz, valioso y práctico como desde los primeros días. El CW sigue siendo el modo más efectivo de comunicación, el de menor ancho de banda, con el que mejor se filtran QRM e interferencias tanto al recibir como al emitir, de 10 a 20 dB de ventaja frente al modo SSB, el que mejor utiliza y economiza las bandas, el de mayor penetración y con el que más contactos DX se logran con menor potencia de transmisión, el más barato y simple a la hora de adquirir o construir transceptores sin necesidad de emplear fortunas en equipos, el más sencillo para desplegar antenas y el más abordable desde el primer día para hacer QSO’s con estaciones de cualquier lugar del mundo gracias a su especial lenguaje de abreviaturas, señales y procedimientos independientemente de idiomas o acentos.

Entre las ventajas de toda la vida sobre el morse:

  • Único método disponible cuando todo falla (un simple pulsador accionado por un cosmonauta en un módulo espacial averiado en órbita terrestre, encendía y apagaba un piloto en la NASA como único medio para poder comunicarse y recibir instrucciones) (las instrucciones fueron recibidas… en morse…).
  • Único código comprendido tanto por personas como por máquinas.
  • Inteligible y descifrable incluso en radiocomunicaciones con mucho ruido y señales muy débiles.
  • Ancho de banda de señal muy estrecha (una décima parte de una radiocomunicación por voz).
  • Ínfima potencia de transmisión (QRP) a largas distancias (DX).
  • Por ello los equipos dedicados exclusivamente a CW son increíblemente simples.
  • Utilizado también de forma visual mediante artilugios como heliógrafos (luz solar reflejada y morse), lámparas de señales o lamparas morse (blinkers, signal lamps, morse lamps, Aldis lamps), una simple linterna, etc.
  • Descifrable a oído, es decir entender perfectamente incluso por golpes secos en lugar de pulsos sonoros tal y como lo hacían los primeros telegrafistas atendiendo directamente a los golpes del receptor o sounder antes de la llegada de la radiotelegrafía.
  • En frecuencias adecuadas se puede enviar directamente hacia la Luna, rebotar y regresar a la Tierra (rebote lunar), la señal sigue siendo inteligible a pesar de la pérdida.
  • ¡ES DIVERTIDO!, de todas las formas de comunicación, incluyendo las que se practican en radioafición, un contacto en CW morse, gustos aparte, siempre termina siendo el más genuino y satisfactorio de todos.
  • La lista es interminable …
Blinker

Actualmente el morse está integrado totalmente en electrónica e informática, y existen herramientas realmente insuperables para el aprendizaje, pero contra todo lo que pudiera parecer no hay capacidad de proceso que pueda igualar la calidad de codificación o descodificación de señales frente al oído humano que, bien entrenado, será siempre superior con señales que por ejemplo no se diferenciarían del ruido existente, de las interferencias, del desvanecimiento o de la irregular, mala o especial manipulación de quién envía el código. Debemos tener en cuenta que una recepción manual siempre se descodificará mejor por un oído entrenado que por un programa informático o un equipo electrónico por muy ajustable que sea.

Como es lógico es requisito indispensable que, tanto remitente como destinatario, deben tener un dominio mínimo del código que siempre consiste en un período de práctica en recepción y envío con ejercicios de mucha repetición que podrían parecer más difíciles de lo que en realidad son pero que se basan en la práctica y en la experiencia. Es decir, el morse es en realidad un nuevo idioma, mucho más simple, pero que debemos aprender desde cero a base de reiteración contínua.

La forma más común de expresar la velocidad en una comunicación morse es mediante palabras por minuto – p.p.m. (w.p.m. en inglés) y dado que la longitud de los caracteres no es constante se utiliza la palabra estándar “PARIS” de cinco caracteres (con el añadido del espaciado entre palabras después de la S). Esto da como resultado un total de 50 elementos (pulsos cortos, pulsos largos, espaciados entre pulsos, entre caracteres, entre palabras). A partir de esta secuencia se calculan los caracteres por minuto (c.p.m) y las palabras por minuto (p.p.m.). Otra palabra estándar es “CODEX ” (con un espaciado entre palabras al final), usada para calcular la velocidad media cuando se envían grupos o lenguaje no claro, con un total de 60 elementos.

Basado en todo esto, la duración de un elemento (unidad, pulso corto o punto) se calcula con: T = 1200 / P donde T es la duración del elemento (unidad, pulso corto o punto) en milisegundos y P es la velocidad en ppm. Una velocidad mínima para empezar sería de unos 10 ppm, una aceptable sería de unas 14-15 ppm. Con la práctica y la experiencia podríamos llegar a las 20-25 ppm o más incluso.

A la hora de transmitir con manipuladores, especialmente cuando se trata de las clásicas llaves manuales verticales, y a fin de que el código resulte lo más legible y nítido posible, es esencial mantener un buen equilibrio y exactitud en la duración de pulsos cortos y largos (puntos y rayas) y espaciados entre ellos, entre caracteres y entre palabras.

La estructura básica del espaciado del código morse con la que podríamos partir para conseguir un equilibrio armonioso sería aproximadamente la siguiente:

  • La duración de la unidad mínima de la que derivarán todas las demás es el punto o señal corta (una unidad).
  • La duración de una raya o señal larga será de tres unidades.
  • La duración de la ausencia de señal entre cada impulso, punto o raya, de un mismo caracter será de una unidad.
  • La duración de la ausencia de señal entre caracteres de una misma palabra será de tres unidades.
  • La duración de la ausencia de señal entre palabras será de siete unidades.

Esta proporción puede variar ligeramente al enviar código de forma manual, los pulsos largos pueden ser algo más extensos que otros o los espaciados podrían variar, pero esto es algo intrínseco y característico en el morse. Ninguna persona manipulará exactamente igual y pueden notarse grandes diferencias entre una y otra pero si el ritmo y los caracteres están bien formados el código resultante sonará bien en todos los casos y se puede incluso comprobar con decodificadores. Al contrario, si no se controla armoniosamente el ritmo y el espaciado, se producirán caracteres rotos en otros dos, sonidos de caracteres que se unirán con otros, sonidos irreconocibles y confusión en general.

Uno de los mejores ejercicios para adquirir memoria es escuchar y anotar, en sesiones frecuentes pero no demasiado largas, grupos de cuatro, cinco o seis caracteres aleatorios (letras, números, signos, abreviaturas) que no formen palabras entendibles ni lenguaje claro para no anticiparnos por deducción. Es importante también que en las prácticas intentemos escuchar a una ligera mayor velocidad de la que seamos capaces para no estancarnos y entrenar mejor el oído.

Otros métodos muy efectivos para aprender morse (ver software) son, por ejemplo, el espaciado Farnsworth, un viejo procedimiento que ya se venía utilizando mucho tiempo atrás y que lo popularizó Donald R. Farnsworth (W6TTB) a finales de 1950 y que consiste en practicar en la recepción o copia desde el principio con velocidades altas (entre 15 y 25 palabras por minuto o más) pero distanciando mucho más la separación entre ellos, de esa forma nos acostumbramos a identificarlos y reconocerlos por su sonido con suficiente tiempo de reacción entre uno y otro. Es decir, dejando a un lado el espaciado tradicional, se aumentan mucho más las distancias entre caracteres mientras éstos suenan a velocidades elevadas. Este sistema se suele combinar con el método Koch, desarrollado por el psicólogo alemán Ludwig Koch en la década de 1930 que consiste en comenzar por aprender con series partiendo de solo un par de letras y añadiendo nuevos caracteres a medida que mejoremos los aciertos.

Se incluye un método muy básico de iniciación para quienes quieran intentarlo desde cero, desde los dos caracteres más sencillos hasta el alfabeto completo.

En las simulaciones de estas páginas no se utiliza el espaciado Farnsworth pero la mínima velocidad permitida para ejercitar y reproducir los audios es de 10 ppm. Empezar a ejercitar con velocidades menores a ocho / diez caracteres por minuto suele ser demasiado exasperante, poco práctico y lento, incluso contraproducente para empezar desde cero.


El alfabeto morse estándar es el internacional representado aquí y derivado del antiguo código morse original, conocido hoy como americano o Railroad Morse, todavía usado pero casi extinto.

La idea original de Samuel Morse fue la de un código compuesto únicamente por números y un libro de claves para transcribir luego a caracteres. Además la idea de Morse era la de que los mensajes se debían decodificar sin la intervención del operador mediante el impresor, algo que con el tiempo terminaron haciendo los propios operadores a oído. Sin embargo este sistema numérico resultó ser excesivamente tedioso y sujeto a errores para los operadores por lo que su estrecho colaborador, Alfred Vail, ideó el primer código alfanumérico con un trabajo de documentación en un periódico local sobre las letras estadísticamente más usadas, así la letra “e”, por ejemplo, correspondía a la estructura más sencilla, el punto (pulso o señal corta), por ser el caracter más habitual en inglés. Este primer código era algo más sencillo en general porque predominaban sobre todo los puntos o pulsos cortos, resultaba ser un 5% más rápido que el internacional, pero algo extraño desde el punto de vista actual porque algunos caracteres incluían espaciados internos, pero supuso una enorme ventaja y mejora con respecto a la idea del código numérico de Samuel Morse. Sigue siendo a día de hoy objeto de debate y discusión sobre quién creó esta estructura alfanumérica pero existe documentación suficiente para atribuir a Vail la invención del primer código aunque su nombre y autoría cayesen en el olvido.

Con el éxito y la rápida expansión del morse, surgieron variantes en muchos países pero la más importante fué la del alemán Friedrich Clemens Gerke que en 1848 reorganizó y cambió cerca de la mitad del alfabeto y todos los números dando lugar al código continental que se aprobó como estándar en el Congreso Internacional de Telegrafía de París en 1865. El morse original continuó usándose durante varios años en telegrafía terrestre en todo el continente americano hasta su progresivo deshuso siendo uno de sus últimos reductos la red de ferrocarriles mexicanos y en general los países de Centro y Sudamérica. Con la coexistencia de los dos formatos, mezcla y a veces confusión entre operadores, se terminó por establecer una última y definitiva variación, el código internacional, aprobado en 1912 en Londres y en adelante por la recién creada ITU en 1932 en Madrid, al fundirse las dos organizaciones internacionales existentes, la Unión Telegráfica y la Unión Radiotelegráfica.

Existen muchos otros alfabetos alternativos como el wabun o japonés, chino, coreano o SKATS, otras variantes orientales, griego, ruso, árabe, turco, etc. Además, dependiendo del idioma, existen muchos caracteres con tildes, especialmente vocales, ampliamente usados aunque no figuren en la especificación internacional, y que normalmente se suelen reemplazar por la variante sin tilde a fin de simplificar.

En el código morse no se diferencia entre mayúsculas y minúsculas por motivos obvios de simplicidad y abreviación; los mensajes, telegramas y radiogramas siempre se han representado tradicionalmente en mayúsculas. De hecho uno de los métodos más extendidos entre los operadores más entrenados en los tiempos de gran actividad fue el uso simultáneo de la recepción a oído y la escritura del mensaje en máquinas de escribir especialmente preparadas con letras exclusivamente en mayúsculas. No se trata en realidad de un juego de caracteres como lo entendemos en la actualidad sino más bien la asignación de un patrón a cada símbolo (traducidos luego a tonos, golpes, luz, etc.) Recordar que los puntos y las rayas son solo una representación gráfica para en principio entender la lógica, debemos centrarnos en captar y entender el sonido y la cadencia única de cada caracter con sus pulsos cortos, largos y espaciados.

Tipos de manipuladores CW

Para enviar o transmitir el código se utiliza el manipulador o llave telegráfica que, básicamente, no es más que un interruptor que abre o cierra, activa o desactiva un circuito. En base a esto existe una enorme variedad, casi infinita, de diseños y construcción de dispositivos que a su vez determinan la manera en que se manipula. La siguiente clasificación es un intento de enumerar los más importantes:

  • Los manipuladores verticales o rectos (llaves rectas, straight keys, hand keys, vertical keys)
  • Los horizontales mecánicos (maniflex, sideswipers, cooties).
  • Los horizontales mecánicos semiautomáticos (con denominaciones como vibroplex o bugs) con puntos automáticos a un lado y rayas manuales al otro
  • Los horizontales automáticos asistidos electrónicamente (paddles de palanca única o single lever paddles, paddles de doble palanca o dual lever paddles, éstos últimos también denominados yámbicos o iambic paddles, con puntos y rayas automáticos a uno y otro lado, configurables). Al contrario que el resto de manipuladores, los contactos son independientes y para producir el código se necesita de ayuda electrónica para generar los pulsos y espaciados automáticos, el keyer, bien sea mediante dispositivos aparte o bien integrados en los propios transceptores de radio.
  • Los manipuladores con sensores al tacto (touch keyers), y por último
  • Los dispositivos totalmente electrónicos o informáticos (código generado por PC, teclado, software, etc.) y que en realidad no son manipuladores ya que no interviene ningún telegrafista en el envío del código
Manipulador recto Manipulador recto

El manipulador recto o vertical (straight key, hand key, vertical key) es el originario y el más ampliamente usado en toda la historia de la telegrafía morse. Posiblemente el más natural e intuitivo de usar. El más básico y con el que el operador tiene el control total sobre la duración de cada elemento del código (pulsos cortos, largos y separaciones), permitiendo además aumentar o disminuir la velocidad en cualquier momento sin necesidad de ajustes mecánicos, electrónicos o tener que reconfigurar nada. Es precisamente esa característica la que saca a la luz con más claridad la destreza o no en el control y el dominio del espaciado manipulando el código. Desde los dos primeros modelos diseñados por el propio Alfred Vail, el Correspondent y el Lever Correspondent (1844), la variedad de diseños y construcción, como en todos los demás tipos, es infinita.

Aparentemente simple pero que requiere de un buen entrenamiento y pulso, con ellos el sentido de la manipulación es siempre hacia abajo para formar tanto pulsos cortos como pulsos largos y separaciones. Se necesita además una adecuada flexibilidad, distensión y relajación de dedos, muñeca, músculos y brazo. Normalmente se recomendaban unas pautas estándares de sujeción y apoyo, pero al final cada persona tendrá su particular forma de manipular. Es difícil superar las 20-25 ppm con él, una velocidad ya de por sí crítica en términos generales para mantener comunicaciones prolongadas. Es el manipulador manual por excelencia y al usarlo imprimimos nuestro carácter personal al código de tal forma que quien nos reciba a menudo puede incluso identificarnos e incluso conocer nuestro estado de ánimo cuando los contactos sean muy frecuentes.

Suele ser fácil identificar el uso de estos manipuladores por las diferencias de duración en los elementos (pulsos y espaciados), dentro de las palabras, letras e incluso a veces diferencias dentro de un caracter. Es inevitable para muchos operadores terminar por desarrollar una forma única y personal de manipular, a veces con acentos tan marcados que empieza a resultar difícil su copia, por eso es tan importante el dominio del espaciado independientemente de la forma de manipular. Es decir debe haber un equilibrio entre el estilo personal de cada uno, que no deja de ser uno de los mayores atractivos del CW, y el envío claro del código.

Su construcción mecánica básica es la de una palanca con pulsador o pomo de sujeción que pivota verticalmente, y que retorna a la posición superior de reposo mediante cualquier mecanismo ajustable, resorte, muelle, imanes contrapuestos o barra de torsión. Cuando se pulsa cierra un único contacto eléctrico para producir los impulsos.

CootieCootie

Los horizontales mecánicos (maniflex, double speed keys, sideswipers, swipers, cooties) surgieron como alternativa al manipulador vertical. Permiten manipular horizontalmente y en ellos existen dos contactos a ambos lados de la palanca (en realidad el mismo contacto eléctrico pero repetido) con los que, indistintamente, se obtienen señales cortas o largas, según convenga al operador. Esta característica los hace únicos en el sentido de que su forma de manipulación es totalmente diferente a la de los demás. Se empieza a formar cada caracter pulsando la palanca o paleta en cualquier sentido, izquierda o derecha, continuando siempre de forma alternativa entre impulsos, nunca o casi nunca repitiendo, y dejando que intuitivamente se termine de formar el caracter para pasar al siguiente.

A pesar de toda la literatura existente sobre la supuesta dificultad en su manejo, lo cierto es que se trata de una forma de manipulación muy simple, natural e intuitiva que se adquiere tras un corto período de adaptación. Con ellos, la manipulación resulta más descansada, se pueden llegar a velocidades muy altas y conserva las mismas propiedades de control total sobre todos los elementos del código, pulsos cortos, largos y espaciados, al igual que el vertical, imprimiendose también el carácter único de cada operador.

La versión mas difundida sobre su historia es la de su introducción comercial en 1888 (Double Speed Key – J.H. Bunnell & Co), 16 años antes de la aparición del primer manipulador semiautomático, sin embargo, ante la ausencia de documentación y anuncios en esas épocas sobre ellos, otras investigaciones apuntan a su aparición a finales de 1904, simultáneamente a la comercialización del primer bug. Otro modelo posterior muy famoso fue el Maniflex de la compañía francesa Dyna-Chabot (A. Chabot) a partir de 1938, y que se convirtió en otro nombre genérico para este tipo de manipuladores. Se les suele denominar a veces “el manipulador olvidado” porque perdieron popularidad frente a los semiautomáticos (bugs) y posteriormente los automáticos (paddles), pero bien dominados y usados, los cooties son igual de rápidos y cómodos. En los últimos años ha pasado de ser casi exclusivamente una pieza de museo y colección a un manipulador que despierta cada vez más interés entre los amantes del CW, posiblemente debido a la monotonía actual en las transmisiones con código automático.

Su construcción mecánica es muy parecida a la del manipulador vertical pero con la palanca pivotanto horizontalmente y con el mismo contacto eléctrico repetido a ambos lados. En reposo (sin pulsar), la palanca no toca ninguno de los contactos hasta que se empieza a manipular, cerrándose el circuito indistintamente de izquierda a derecha o viceversa. Básicamente se trata del mismo manipulador vertical al que le damos la vuelta manipulando horizontalmente y repitiendo el mismo contacto eléctrico en el lado opuesto. Dado que no son fáciles de adquirir comercialmente, se puede configurar (cablear) un paddle de palanca única o single lever paddle cortocircuitando ambos contactos laterales.

Al igual que todos los demás tipos, el cootie es un manipulador especialmente fácil de autoconstruir mediante un simple eje (una lámina flexible de metal, por ejemplo) anclándolo en un extremo para que pivote horizontalmente de forma que el otro extremo libre, el de la paleta, cierre los dos contactos eléctricos puenteados al manipular, disponiéndolo todo en una base estable.

BugBug

Los manipuladores horizontales mecánicos semiautomáticos, más conocidos como bugs, son también muy antiguos y otra alternativa más al manipulador vertical. Son una ingeniosa invención comercializada por primera vez por la marca Vibroplex (Horace G. Martin, 1904), nombre con el que se popularizarían en adelante a estos y a todas sus variaciones (hubo un antecedente previo, el autoplex, pero alimentado a baterías). Con ellos se consiguen pulsos cortos automáticos al pulsar a un lado (regulables mecánicamente) y pulsos largos manuales al pulsar al otro por lo que el código resultante sigue conservando cierto carácter.

Al igual que el cootie o sideswiper, y gracias a su manipulación horizontal, se consiguen velocidades elevadas, manejo más descansado y menor cantidad de golpes debido al automatismo en los pulsos cortos. Requiere un tiempo de práctica y, bien dominado, produce un código muy nítido y característico. Su construcción es algo intrincada, utilizando un contacto normal para conseguir rayas y una extensión en la palanca con un contrapeso regulable, que “vibra” al pulsarse, para así obtener trenes de pulsos cortos o puntos en otro contacto (electricamente el mismo). Sorprende su nivel de automatismo para ser un manipulador totalmente mecánico.

Paddle

Los horizontales automáticos o paddles son una clase de manipuladores de acción horizontal que necesitan de apoyo electrónico (keyers) para producir automáticamente sucesiones de pulsos cortos (puntos), pulsos largos (rayas) y espaciados ajustables en velocidad. Los hay de palanca única o single lever paddles, la cual actúa sobre cada contacto independiente, y de doble palanca o dual lever paddles, con dos palancas por separado, cerrando y abriendo su correspondiente contacto, éstos últimos también denominados yámbicos o iambic paddles. Su primera aparición comercial se remonta a 1948 con un modelo denominado Mon Key (Electric Eye Company – Illinois) a base de válvulas de vacío y relés, a la que le siguieron infinidad de mejoras, diseños y modos, y en el que no dejan de aparecer novedades incluso en la actualidad.

Son muy parecidos al manipulador horizontal semiautomático o bug o al cootie en cuanto a velocidad, produciendo un espaciado perfecto, con pulsos cortos y largos automáticos y configurables a izquierda y derecha o viceversa. En estos tipos de manipuladores el operador sólo controla cuándo o en qué momento quiere producir pulsos cortos o largos, la duración, repetición y espaciado entre ellos es automática, asistida mediante circuitos electrónicos o keyers ya sean independientes o bien incorporados en los propios transceptores de radio.

El modo Yámbico consiste en el uso de manipuladores de doble palanca (contactos independientes) con circuitería electrónica o keyer, independiente o integradada en los transceptores y con la capacidad de detectar si se han pulsado ambas palancas a la vez (squeeze keying) como si se han soltado después simultáneamente. Existen dos modos de operación, A y B, con diferencias en la manera de manipular. En el modo yámbico A, al pulsar las dos palancas se generarán trenes de pulsos alternativos indefinidos, puntos-rayas o rayas-puntos, dependiendo de que palanca se pulsó primero, que cesarán al soltar ambas. En el modo yámbico B el funcionamiento es el mismo salvo que al soltar las dos palancas simultáneamente el keyer generará un pulso opuesto añadido al último que ha sonado. Con este último modo se consigue el máximo ahorro en la manipulación para conseguir el mismo código.

Aunque no resulte una manipulación tan genuina como en los totalmente mecánicos, con estos tipos de manipuladores el código resultante es muy nítido y se envía con bastante facilidad, tras el correspondiente período de adaptación, resultando especialmente adecuada para alta velocidad o para personas con algún tipo de discapacidad a las que les resulte imposible o difícil la manipulación mecánica vertical aunque, eso sí, el código es prácticamente idéntico de un operador a otro, resultando en transmisiones muy uniformes y monótonas en comparación con la manipulación manual. Con los paddles se reduce además al máximo la cantidad de golpes a la hora de conseguir el mismo código, a veces hasta porcentajes elevados. La construcción y aspecto de los paddles es sencilla, palanca/s y paleta/s pivotando horizontalmente, cada una de ellas cerrando un contacto eléctrico que producirán trenes de pulsos cortos o largos mediante circuitos electrónicos externos regulables en velocidad. En estos tipos de manipuladores siempre son tres los contactos de salida (común, pulsos largos-rayas, pulsos cortos-puntos) comúnmente terminados en clavijas tipo jack estéreo, al contrario que los manipuladores anteriores o manuales que sólo cuentan con dos contactos (común y pulsos).

Touch Key

También existen otros tipos de manipuladores donde no existen ni contactos eléctricos, ni partes móviles, sino que el mecanismo por el que se cierra el circuito es mediante el tacto con alguna pieza metálica y un controlador electrónico. Son los manipuladores al tacto o touch keyers, circuitos electrónicos con sensores, normalmente diseñados para actuar como paddles yámbicos, de doble paleta fija, sin elementos móviles ni contactos, aunque se pueden diseñar de cualquier otra manera: dos bornes metálicos, dos placas rectangulares, etc. La circuitería puede incluir cualquier otra característica configurable como velocidad, memoria, etc. incluso una sola superficie metálica a modo de llave vertical.

Exceptuando los casos de balizas y similares, y en los concursos de radioafición donde suele ser habitual, no tiene mucho sentido que el código lo envíe una máquina, en el caso de teclados o dispositivos que directamente envían código a un transceptor por ejemplo, y no sea una persona quien lo haga, ya existen otros medios de transmisión digitales para eso, aunque para gustos colores. No son pocos los casos de aficionados que por alguna u otra razón utilizan teclados o programas para enviar código aunque sea automáticamente sabiendo que con el CW y el morse su señal llegará donde otros tipos de modulación no lo harán.

Manipulación
En la comunicación morse es mucho más importante y relevante la exactitud, la precisión, el espaciado, la uniformidad y la estabilidad de nuestra manipulación que la velocidad al enviar código.

El aumento de velocidad se conseguirá con la experiencia y agilizará mucho las comunicaciones pero en la práctica es totalmente secundario porque lo que cuenta es la lectura del mensaje original de forma que el operador corresponsal lo reciba con comodidad. Como norma básica entre muchas otras de sentido común, respondamos siempre a una velocidad proporcional y nunca superior.

Es de primordial importancia aprender a controlar bien la duración de los pulsos y las separaciones entre éstos, entre caracteres y entre palabras.

Es una tendencia frecuente al principio juntarlos demasiado creando confusión a quién recibe. También es una tendencia, a veces irresistible, el querer enviar código lo más rápido posible. Es mejor centrarse antes en la práctica en recepción con ejercicios para pasar luego a enviar código prestando atención en el espaciado y a la uniformidad, manipulando primero lentamente. La velocidad en el envío del código no implica en absoluto una mayor calidad o una mejor forma de comunicación sino todo lo contrario, es mejor contenerse y controlar la cadencia y el espaciado. Con la práctica el código saldrá de forma natural a una buena velocidad, sin errores y sin málos hábitos.

La alta velocidad es una práctica tan excitante como cualquier otra y hay que reconocer que hay operadores que traspasan fronteras, transmitiendo, recibiendo y reconociendo código a velocidades increíbles (30 – 70 ppm) e incluso batiendo records de 200 ppm. Al transmitir al mismo ritmo que una conversación estaríamos emitiendo a una media de entre 50 a 100 ppm aprox.), pero en la realidad el morse tiene sus límites prácticos naturales para la mayoría de las personas. A propósito, esta afición a velocidades tan altas (HST – High Speed Telegraphy) a modo de concursos, actualmente ha experimentado mucho auge, tanto transmitiendo manualmente como recibiendo a oído a través software (CW Runner, RufzXP, Morse Runner etc.) los récords en velocidad transmitiendo y recibiendo son astronómicos.

Tengamos en cuenta que en morse la comunicación es de operador a operador, entre personas, y aunque podamos usar sistemáticamente decodificadores electrónicos o informáticos tanto para enviar como para recibir, o aficionarnos a velocidades elevadas, el morse realmente se disfruta para lo que fué creado, es decir, velodidades medias (15 a 25 ppm aprox.) y sobre todo traduciéndolo o decodificándolo nosotros mismos sin ninguna otra ayuda.

No debemos preocuparnos en cometer errores, como verás simplemente se envía un sencillo signo de corrección y se repite la última palabra, pero siempre que practiquemos o enviemos código procuremos hacerlo siempre como si nosotros mismos tuviésemos que copiarlo.

La directiva del GCWC, donde Reinaldo (CO6RD) es su vicecoordinador nacional, fue el empuje para potenciar lo que en un momento fue una chispa y convertirlo en un proyecto oficial bautizando esta rueda de los chisperos cubanos con el nombre “Amigos de la CW” por acuerdo del Ejecutivo Nacional de la FRC, con el objetivo de incrementar habilidades operativas de radiotelegrafía en nuestra organización y disfrutar del modo que por excelencia es la CW.  

Como se ha señalado anteriormente, este espacio tendrá como control a Reinaldo (CO6RD) y como auxiliares las estaciones miembros del GCWC representantes de cada provincia.

Entre sus particularidades, se encuentra la continuidad de sus emisiones en 7 174 kHz con una emisión diaria, de una hora aproximadamente a partir de las 17:00 horas local, la que será interrumpida solo el primer domingo de cada mes para dar paso al Sprint Chisperos Cubanos (SCC). En su programa brindará los viernes un boletín informativo sobre las actividades del GCWC y actividades de DX en CW, los domingos son los días de cita para los que estén interesados en evaluar su transmisión y recepción y obtener Certificados de OP CW a mediana (15 ppm), alta velocidad (+35 ppm) y muy alta velocidad (+50 ppm), esta última sería la que acredita el Certificado Samuel Morse, otorgado por el Grupo CW de Cuba.

                                                                                                                                           

Fuente: Tomado de https://morsecw.com/

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